• La historia

    Despues de la trágica muerte de su querido padre, Valerie se muda a un pueblo costero con su madre a las afueras de la ciudad. Allí conocera a gente bastante extraña que despertarán en ella sentimientos contradictorios...

  • Personajes

    Conoce a cada uno de los personajes de esta misteriosa historia, conoce cada detalle y cada cualidad de ellos, su caracter, su físico, incluso que les gusta y que odian...

  • Capitulos

    No te pierdas ningún capitulo de esta historia urbana. Muchas cosas y situaciones pasarán, ¿serás capaz de entrar a Fallentown?

  • Fan Art

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jueves, 5 de diciembre de 2013

Capitulo 1 - Conociendo lo desconocido (Parte 1)



En la mirada grisácea de Valerie se podía percibir un atisbo de tristeza, que estaba reflejado en el empañado cristal del auto. Se mantenía callada, sin ningún gesto en su rostro, y con los brazos cruzados. El cielo permanecía gris y las nubes acechaban el pueblo a donde se dirigían. Ella se aferraba al viejo asiento y el cinturón apretaba su abdomen. Apoyaba la barbilla en su mano y a su vez, el codo sobre la ventanilla.
—¡Ya hemos llegado!—exclamo entusiasmada Helena, su madre.—Es tan bonita como en el anuncio. —añadió parando el coche.


Valerie no se molestó en contestar, simplemente le ignoró. Helena lo percibió y no pudo contener un largo suspiro de resignación.

—Ya sé que es difícil para ti, Valerie. Pero haz un esfuerzo, será genial cambiar de air...
—No lo hagas más difícil, ¿quieres?—le interrumpió bruscamente y enseguida abrió la puerta del auto y la cerró con un fuerte portazo que retumbó el interior.

No era la primera vez que se mudaban de casa y  empezaba a molestarle. Comprendía que era por el trabajo de su madre, pero cierta inestabilidad le hartaba. Se desplazó ligeramente hacia la parte trasera del coche y abrió el maletero. Agarró su mochila y se la colgó a los hombros, y con algo de fuerza cogió una caja pequeña con algunas de sus pertenencias. Helena bajó del vehículo también y se llevó las manos a la cadera.

—Señorita Rows—dijo una voz masculina a las espaldas de Helena.

Ella se giró y sonrió levemente.

—Oficial, que bueno verle.
—Me alegra que hayan decidido quedarse, Fallentown es un pueblo muy tranquilo. Y creo que se familiarizarán con los pocos vecinos de por aquí cerca—comentó ajustándose el cinturón, del cual colgaban un manojo de llaves ruidosas.

Valerie cargó con la caja hasta la entrada y observó al  robusto policía de reojo. Parecía bastante joven como para tener treinta y cuatro años de edad, o eso le parecía a ella. Tenía su cabello castaño algo despeinado por el viento y su rostro estaba relajado, dejando mostrar sus pequeños ojos verdes.

—Hola, Valerie—comentó él asintiendo con la cabeza.

La joven no respondió, tan solo siguió su camino y entró en la nueva casa.
Era una pequeña construcción de madera. El exterior estaba pintado de un azul bastante deteriorado, pensó que pronto tendrían que echar una buena mano de pintura.  Valerie, ya en el interior, observó unas escaleras algo viejas y polvorosas y con cuidado decidió subirlas. Se encontró con una robusta puerta y decisiva la abrió. Detrás de ésta se encontraba una habitación con las paredes pintadas de un verde claro, el cual iluminaba el cuarto. En el centro se hallaba una cama bastante grande y con sabanas de color blanco, aunque estaban un poco polvorosas.
Valerie se acercó a la ventana y la entreabrió para que se fuera el olor a cerrado.
Sus inquietos ojos llenos de curiosidad observaban cada detalle del dormitorio, después de todo, sería el lugar donde iba a pasar la mayor parte del día. Le pareció bastante bonita, sobre todo, le llamó la atención las vistas que tenía a la playa. Era confortable y relajante. Se apoyó en el marco de la ventana y entrecerró los ojos debido a que el viento rozaba su rostro. Observó al frente una casa del mismo porte que la suya, pero de color granate. Estaba bastante cuidada. En el porche, cerca de las pequeñas escaleras, descansaba un perro de color canela. Al tacto parecía sedoso, aunque sus patas estaban manchadas de arena mojada.
Se separó de la ventana y bajó a curiosear cada parte de la vivienda. Primero fue al salón, el cual era bastante grande. En el centro se hallaban dos sofás marrones con un par de cojines a cada lado. En ellos estaba bordado una flor bastante peculiar, parecía una margarita, pero el color de sus pétalos eran negros. Valerie se encogió de hombros y pasó las yemas de sus dedos por la repisa de la vieja chimenea, la cual tenía madera carbonizada en su interior. Se miró sus dedos llenos de polvo y los sacudió rápidamente.
Caminó hacia la cocina. Se encontró con los viejos muebles de color azul, como no.
Apoyada en una de las encimeras se encontraba su madre, con ese aire cansado en su acaramelada mirada. Su cabello rizado y enmarañado permanecía sujeto en una trenza que rozaba sus hombros y una medio sonrisa en sus labios algo resecos por el frío.
A su lado estaba James Gerreth, el policía anteriormente ignorado. Mantenía en sus manos una taza de porcelana llena de café amargo. Tomó varios sorbos de ésta, y algunas gotas se quedaron atrapadas en su arreglada barba de escasas semanas.
Valerie entró a la cocina con la cabeza agachada y puso sus manos en los bolsillos de su chaqueta desgastada.

—Oh, Valerie. —dijo Helena acercándose a ella—¿Ya has visto tu cuarto? ¿Te gusta?
—Sí, está bien. No te preocupes mamá.

El policía dejó la taza sobre una de las encimeras azules y se acercó a las dos chicas. Extendió su mano hacia Valerie, intentando que la joven mostrara algún gesto de saludo. Ella estrechó su mano algo desconcertada.

—¿No te acuerdas de mi? —preguntó el hombre soltándole la mano.
—No tengo el placer…
—Valerie —Interrumpió Helena—él era amigo de tu padre y el que nos recomendó este pueblo para vivir. Le hablé bastante de ti.
—Vaya, no tenía ni idea. Lo siento, James.
—No te preocupes pequeña—embozó una amigable sonrisa.

Valerie respondió a su sonrisa y los dejo solos, saliendo a la terraza que daba a la playa.
El frío la azotaba bruscamente, haciendo cruzar sus brazos para encontrar algo de calor corporal. Parecía que en aquel pueblo las tardes eran bastante frías.
Su cabello rubio bailaba con el viento y Valerie mordía levemente su labio inferior.
Sus deterioradas zapatillas negras se mancharon de arena rápidamente, pero no le importó, ella tan solo llenaba su inquieta mirada con el gran paisaje costero. Aunque aún no se había echo la idea de mudarse, el sitio parecía agradarle, salvo por el frío mortal.
Se paró en seco, antes de que el agua del mar la mojara. Algunas blancas gaviotas daban pequeños saltos a unos pocos metros de Valerie, aunque le dieran pánico debería de cogerles cariño, iba a pasar mucho tiempo en este lugar.
Se sentó en la orilla cruzando sus piernas y sacó su móvil del bolsillo. Con un solo deslizamiento de su dedo índice abrió la agenda de llamadas y marcaba como ultima llamada el número de su padre. Aún no se había echo la idea de que estuviera muerto, habían pasado semanas desde aquel accidente de trafico y las lagrimas se habían agotado en los ojos de Valerie. Tampoco podía creer que terminaría con su madre ex alcohólica en un pueblucho oculto en algún punto remoto del planeta.
Un brusco tirón de su teléfono rompió el hilo de sus pensamientos, es cuando vio al perro canela de antes que había agarrado su móvil.

—¡Hey! ¡Vuelve aquí! —Exclamó, aunque era inútil, el chucho no le hacía caso.

Valerie se levantó corriendo y echo a correr tras el perro de pelaje largo lleno de arena. Tropezó con una pequeña piedra y manchó su rostro. Una mueca de desagrado inundó sus facciones y abrió un poco los ojos, dejando ver la silueta masculina que se encontraba frente a ella.
Rápidamente un ligero rubor pintó sus mejillas. El chico le ofreció la mano y ella la acepto, impulsando su cuerpo para lograr levantarse.
Y así es como pudo contemplar a aquel joven de ojos grandes y verdosos, de facciones delicadas y cabello rubio.

—Perdona, le gusta llamar la atención—comentó devolviéndole el móvil a Valerie—, aunque no lo hace muy a menudo.
—Tranquilo, no pasa nada. Gracias.
—¿Eres nueva en el pueblo? —preguntó dudoso—Nunca te vi por aquí.
—Sí, acabo de mudarme aquí con mi madre—respondió señalando su nueva casa.
—Vaya, pues no se te ve muy contenta…—dijo mirándole a los ojos con el ceño fruncido.

Y no mentía.

—La verdad aún no me he hecho la idea de venir aquí y bueno, supongo tendré que acostumbrarme. De todas formas creo que no estará tan mal.

El chico embozó una leve sonrisa, dejando mostrar sus perfectos dientes blancos. Unos hoyuelos se formaron en sus mejillas y bajó la mirada algo avergonzado.

—Seguro te acostumbrarás pronto, los pocos habitantes de Fallentown son muy tranquilos y amables, salvo dos o tres cascarrabias. Yo vivo al lado tuya. —añadió alzando su mano hacia la casa color granate— Cualquier cosa no dudes en pedirla…
—Gracias…
—Me llamo Abel, por cierto.
—Yo Valerie. Y gracias por la oferta, la tendré en cuenta—dijo sonriendo. Raro en ella.

Abel sacó una larga correa verde del bolsillo de su desgastado y mojado pantalón vaquero. Y con un ligero silbido llamó al perro que mojaba sus patas en la orilla.

—¡Lobo! ¡Ven aquí, chico!

Enseguida el chucho corrió a la llamada de su dueño y se dejó poner la correa en su collar negro.

—Bonito nombre—comentó Valerie, acariciando a Lobo y era verdad, su pelaje era bastante sedoso, aunque estaba mojado.
—Gracias, se lo puso mi padre.

Ambos sonrieron y se miraron. Valerie percibió en su mirada algo extraño que despertó en ella un sentimiento de curiosidad bastante grande. Había experimentado ese sentimiento muchas veces, pero nunca tan fuerte como con Abel. Sacudió su mirada y decidió irse.

—Creo que es hora que me vaya. Parece que va a llover. —comentó mirando hacia las espesas nubes grises que pintaban el cielo. —Me alegra haberte conocido…
—Igualmente, Valerie. Ya nos veremos, cuídate.
—Tu igual—sonrió mientras se dirigía de nuevo a su nuevo hogar.

Aún el rubor de sus mejillas se mantenía latente y el sudor de sus manos no había cesado. Valerie era bastante tímida, era algo que era incapaz de controlar. Se preguntaba el porqué para ella su mirada era algo misteriosa, pero se encogió de brazos y entró a la cocina. Esta vez no se encontraba su madre y el policia, la cocina tenía dos tazas sucias mas en el fregadero.
Pasó todo el resto de la tarde tirada en la cama, la cual ya había puesto sus sabanas blancas con pequeñas lavandas dibujadas en ella. Valerie permanecía con los ojos cerrados y con música procedente de los auriculares. Fue en ese momento cuando su tripa rugió vorazmente, hace horas que no probaba bocado. Decidió que seria buena idea ir a comer algo.
Las luces estaban apagadas y la noche ya había caído. Las gotas de lluvia se resbalaban por la grande cristalera del salón y un viento leve empujaba las hojas de los arboles.
Valerie decidió hacerse un café caliente. Adoraba tomar café, le encantaba el sabor amargo de éste. Removió el café caliente mezclandolo con la poca leche que había en la despensa y  salió al porche que daba a la playa. Se sentó en uno de los bancos de madera y puso sus manos alrededor de la taza caliente.
Resguardada observaba la lluvia y en ese instante giró su mirada hacia la casa vecina. Aún la luz de una de las habitaciones estaba encendía, supuso que Abel debería de estar despierto.
Mientras el sonido de las gotas la adormilaba una mano acarició su hombro delicadamente.

—¿Aún no tienes sueño?
—No, tenía hambre y bajé a por un café—explicó alzando la mirada hacia el rostro cansado de su madre.
—No te quedes mucho rato, la lluvia no cesará hasta mañana y el viento creo que va a venir frío.
—Termino el café y voy...—dijo bebiendo un sorbo de la taza.

Helena subió de nuevo a su habitación y Valerie hecho un vistazo de nuevo a la ventana de Abel. Pudo observar una silueta a través de ella, parecía él, pero no estaba segura.
Terminó de dar los últimos buches al café y subió de nuevo a su habitación, quedándose dormida entre gotas de lluvia y el olor a mar.

8 comentarios:

  1. Me encantó arequipito*-* Buena redacción:3
    Me encantóc:

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  2. Excelente Redaccion, Espero que esta sea la vencida y logres terminarlo linda, tienes ideas muy innovadoras lo que llevan a una buena trama en la historia, Bien sabes que soy 'fan' de tus escritos, tienes mucho talento y estoy segura de que lograras lo que te propones, Te quiero mucho sunshine.
    Y pues si necesitas algo de 'inspiracion' no dudes en ponerte en contacto conmigo. Estare al pendiente.

    ~ Vic,

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    1. Viiic que sorpresa :)) De veras te extraño mucho cielo :c
      Gracias por leer, enserio me animas mucho *-*
      Te quiero rubia♥ Cuídate muchito:)

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  3. ¡Hola! Acabo de descubrir tu blognovela por twitter y esta primera parte del primer capítulo ha estado bastante bien. Creo que me verás muy a menudo por aquí :3
    La historia engancha bastante y sabes manejar bien la intriga, esos son bastantes puntos a favor :)
    De momento sólo hay cuatro personajes, veremos quien más se cruza en la vida de Valerie.
    Por cierto, la decoración del blog te quedó genial ^^
    ¿Es esta la primera novela que escribes o ya lo habías intentado antes?
    ¿Vas escribiendo a medida que publicas en el blog o ya tienes bastante escrito?
    Como irás viendo, soy bastante curiosa xD.
    ¡Hasta pronto!

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    1. ¡Hola, Scarlett! Jooo que ilusión ver nuevos lectores por el blog jajaja :D
      Pues mira, no es la primera vez que intento hacer una blognovela, tenía otras ideas, que intenté pero no me convencían y pues decidí dejarlas. Pero con Fallentown todo va como la seda :)
      Y sí, yo voy escribiendo parte por parte, cuando ya la tengo terminada la subo al blog y a escribir otra vez, por lo que tardo un poquito.
      Me encanta que seas curiosa, no dudes en preguntar :)
      ¡Te me cuidas! ♥♥

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  4. Me ha encantado tu historia, enhorabuena!!
    Te sigo desde ya :D
    Un beso, espero que la continues pronto :D
    Te espero por mi blog ^^

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    1. ¡Aiiiins, me hace tanta ilusión que te encante!! :$
      Enseguida me paso por tu blog cielo♥
      ¡Besitos! :3

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