• La historia

    Despues de la trágica muerte de su querido padre, Valerie se muda a un pueblo costero con su madre a las afueras de la ciudad. Allí conocera a gente bastante extraña que despertarán en ella sentimientos contradictorios...

  • Personajes

    Conoce a cada uno de los personajes de esta misteriosa historia, conoce cada detalle y cada cualidad de ellos, su caracter, su físico, incluso que les gusta y que odian...

  • Capitulos

    No te pierdas ningún capitulo de esta historia urbana. Muchas cosas y situaciones pasarán, ¿serás capaz de entrar a Fallentown?

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lunes, 30 de diciembre de 2013

Capitulo 1 - Conociendo lo desconocido (Parte 2)

A la mañana siguiente, el frío invadió la habitación donde Valerie dormitaba. Una maraña de cabello rubio tapaba su rostro y la basta manta le tapaba hasta el cuello. El sonido de la lluvia constante le despertó. No pudo contener un largo bostezo y se estiró entre las sabanas. Miró a su alrededor aun adormilada y se destapó, poniendo los pies sobre el suelo de madera. Enseguida su piel se erizó y un débil cosquilleo le acarició la espalda. Se colocó sus viejas y desgastadas zapatillas negras y prosiguió vistiéndose. Cuando terminó de abrocharse el botón de su pantalón vaquero, cogió velozmente su sudadera gris, la cual ocultaba la camiseta de rayas que llevaba debajo. Se recogió su pelo en una baja coleta y bajó las escaleras hacia la plata baja. Apenas hacia sol, y el salón no estaba muy iluminado. Los cristales estaban empañados por la humedad y mojados por las gotas de agua que caían. Valerie se acercó a la cocina y abrió el refrigerador, con alguna esperanza de encontrar algo miniamente comestible, pero tan solo le respondió el olor a queso podrido que se encontraba en una de las baldas de ésta. Hizo una mueca de horror y lo cerró rápidamente.
—Cariño, buenos días.

Valerie se giro levemente y observó a su madre arreglada para salir.
—¿A donde vas?—preguntó curiosa mientras se apoyaba en una de las encimeras cerca del fregadero.
—Como no hay apenas nada en la nevera, he pensado que podemos desayunar en una cafetería que hay por aquí cerca. Dicen que están las mejores tortitas del pueblo. Y después de coger fuerzas, he pensado en ir a comprar pintura azul, para pintar el exterior de la casa. ¿Vienes?
—Claro, todo sea por unas buenas tortitas.
Helena y Valerie salieron al exterior de la casa con cuidado de no resbalarse con los charcos de barro que se habían formado por la lluvia aún latente.  Valerie se aisló de las gotas de agua con la capucha de sus sudadera y entró al coche rápidamente. Su madre se mojó un poco, pero enseguida se secó.
El trayecto fue corto, la cafetería estaba a dos manzanas de la casa, aunque no era de extrañar, el pueblo era bastante pequeño. Valerie mantenía la cabeza agachada, ignorando el canturreo mañanero de su madre en el auto. Siempre se ponía la misma emisora de radio, en la cual echaban clásicos musicales, y no paraba de cantar en todo el trayecto. De pequeña Valerie solía acompañarla con la melodía, pero los años habían pasado, y los recuerdos aún seguían ahí.
Helena paró en seco el coche y apagó la radio. Parecía que la lluvia había cesado un poco y unos leves rayos de sol atravesaron las nubes grises del cielo. Salieron del auto y se encontraron con el establecimiento. El exterior parecía viejo, tenía el aspecto de esos bares de carretera que te encuentras cuando estás perdido. En la parte del tejado, había un cartel que ponía "Donovan's Café", Valerie supuso que ese debería de ser el nombre de la cafetería. Madre e hija entraron dentro por la puerta de cristal, el cual tenía una pequeña pegatina de "Abierto".
El interior era austero, pero bastante pulcro. Había varias mesas redondas esparcidas por todo el interior, con manteles de cuadros rojos y blancos y encima de éstos, unos servilleteros de aluminio. Había un olor a café en el ambiente y enseguida Valerie sonrió. Ambas se sentaron en una de las mesas y esperaron a que le atendieran.
—Bienvenidas al Donovan's Café—dijo una voz femenina, bastante aguda para los oídos de Valerie, la cual alzó la mirada para observarla.—¿Que os puedo servir?
—Hola, querida—respondió Helena—Pues mira, a mi me vas a poner un café y unas tortitas con miel.—pidió mirando la carta—¿Y tu Valerie?
—Lo mismo, gracias.
La chica rubia de ondulados rizos se esforzaba por apuntarlo todo en la minúscula libreta que tenía en sus delicadas manos. Tenía unos grandes ojos verdes y un rostro delicado y dulce. También tenía unos destacables labios rosados, los cuales embozaron una pequeña sonrisa al terminar de escribir todo.
—Pues, enseguida os lo traigo.
La joven se giró y un ligero olor a fresas inundó el olfato de Valerie.
Helena sacó su móvil, el cual era muy antiguo. Valerie siempre le dijo que debería de cambiárselo, que había mejores, pero ella siempre se negaba. Era bastante cabezona, igual que ella , todo era cuestión de genética.
Valerie jugueteaba con un trozo de papel que había arrancado del mantel rojo de la mesa y su madre, con una juguetona sonrisa en el rostro, revisaba los mensajes. Valerie frunció el ceño y no dudó en preguntar:
—¿Ocurre algo, mamá?
Helena alzo la mirada hacia su hija algo despistada.
—No, nada...Tan solo hablo con James.
—Parece que el policía tiene sus encantos—comentó alzando su ceja derecha.
—Eso no es de tu incumbencia.
Ese comentario dejó extraña a Valerie, pero no le importó, ella se centró en el plato de tortitas que le pusieron por delante. Sus labios rosados se embadurnaron de miel al instante y enseguida se relamió.
Después de que hubieran terminado Helena sacó su monedero y se lo dio a Valerie.
—Ve a pedir la cuenta, por favor.
Valerie se levantó y se acercó a la barra donde estaba la camarera de antes.
—Hola, ¿puedes darme la cuenta, por favor?
—Claro—dijo sonriendo, mientras, tecleaba en la vieja y polvorienta caja registradora.—Tu madre y tú no sois de por aquí, ¿verdad?
—No, nos acabamos de mudar a la casa azul de al lado de la costa.
—¡Ay! ¡Qué bien!—dijo dando un pequeño salto.—Al fin alguien 'guay' en el pueblo...
—¿A que te refieres?
—La gente de aquí es muy mayor, apenas hay personas de nuestra edad, y si las hay son idiotas.—le explicó mientra le daba el ticket.—Son seis con noventa.
Valerie le pagó y se guardó lo que sobraba en el bolsillo.
—Por cierto, ¿cual es tu nombre?—preguntó curiosa la joven.
—Valerie, ¿y tu?
—Yo soy Samantha.—sonrió amigablemente.—Por cierto, si tenéis algo que hacer con la casa, puedo echaros una mano.
—Bueno, esta tarde vamos a pintar la parte exterior de la casa, si quieres puedes venirte.
—¡Claro!
—Está bien, ya me voy, nos vemos, Samantha...—se despidió con una leve sonrisa.
—Adiós, Valerie.
Helena le esperaba ya en el coche, el cual estaba aparcado delante de la puerta. Valerie se sentó en el asiento del co-piloto y se abrochó el cinturón de seguridad.
—¿Porqué tardaste tanto?
—Estaba haciendo nuevos amigos.—comentó retirándose los escasos cabellos que invadían su rostro.—La camarera que nos sirvió, Samantha, es muy amable. Se ha ofrecido a echarnos una mano en pintar la casa, vendrá esta tarde. ¿Sé amable, vale?
—Tu falta de confianza me preocupa, cariño—dijo arrancando el auto.
El silencio ahogó el interior del coche, y con el rostro agachado, Valerie se atrevió a decir:
—Eso mismo le dijiste a papá y mira lo que pasó—le advirtió fríamente.—Él confió en ti y murió; ¿porqué debería hacerlo yo?
 No era la primera vez que le decía algo así a su madre, aunque para ella hace tiempo dejó de serlo.
Enfundó sus heladas y secas manos en los bolsillos de su sudadera y apartó la vista hacia la ventana. Apretó los labios, intentando lo derramar ninguna lágrima por sus ruborizadas mejillas.
Helena se quedó callada, impactada por lo que le acababa de decir su hija de diecisiete años, la cual había perdido el mínimo respeto hacia ella. Deslizó la mirada hacia la carretera y decidió continuar el camino.
El trayecto fue silencioso, tan solo se escuchaba el sonido del motor y el canturrear de los pájaros que se ocultaban del frío entre los pinos y cipreses que rodeaban el pueblo.
Dejaron el coche en frente de una pequeña cabaña vieja al lado de la playa. Estaba pintada de un blanco bastante sucio y en el tejado apenas se notaba un rojo teja. En el interior, al lado de la ventana sin ningún cristal, se encontraba un hombre robusto y de espesa barba pelirroja. Apenas se le veían sus pequeños ojos, ocultados por unas cejas bastante pobladas. Parecía bastante mayor, su enorme barriga le delataba.
—Iré a comprar la pintura.—comentó Helena cogiendo la cartera.—Quédate aquí.
—De todas formas, no iba a moverme.—le contestó sin dejar de mirar por el empañado cristal.
Helena salió del coche y enseguida una ráfaga de viento le azotó. Caminó rápidamente hacia la tienda y entró sin llamar. El hombre le miró sin ninguna expresión en su rostro.
—¿Le puedo ayudar en algo, señora?—preguntó con una áspera y gruesa voz que emanó de su garganta.
—Si verá, James Gerreth me dijo que aquí vendían pintura, y...
—¡Oh!—le interrumpió bruscamente.—¿Usted es Helena Rows? ¿La nueva en el pueblo?
Helena se acercó al mostrador y apoyó sus antebrazos en éste.
—Sí, ¿como lo sabe?—frunció el ceño.
—James me comentó algo sobre usted, además no se habla de otra cosa en el pueblo. Aquí los cotilleos vuelan de boca en boca y al final, todos acabamos enterándonos de todo. ¿De que color quiere la pintura?
—Azul.—contestó.—¿Y James no le ha contado nada más?
—El viejo James me dijo que te comentara que quería verte esta tarde.—le comentó, sacando una lata grande de pintura azul.—Son dieciocho con noventa.
—Vaya, que caro.
—Hay que aprovechar la clientela.—comentó.—Ah, por cierto, perdonad mis modales...Soy Beel.
—Encantada, Beel.—dijo dejándole el dinero sobre el mostrador.—Gracias por la pintura...y por la información. Hasta luego, que pase buena tarde.
—Igualmente.—se despidió con un ligero movimiento de cabeza.
Helena agarró la lata y salió de la pequeña cabaña. Se adentró en el coche, donde Valerie aun permanecía en silencio, con sus auriculares puestos escuchando música de su Mp4. Valerie se destapó del oído uno de los audífonos y deslizó la mirada hacia su madre.
—¿Había cola o qué?
—Yo también sé hacer amigos.—dijo arrancando el motor.




2 comentarios:

  1. ¡Hola! ¿Cómo estas? :3

    Vaya, sin duda este capítulo ha dejado unos cuantos interrogantes en el aire. ¿Qué secretos esconderá este pueblo? ¿Qué le ocurrió al padre y por qué Valerie le echa la culpa a su madre? ¿Las intenciones de Sam serán buenas o malas (no me fío de nadie xD)? Y lo último pero no por ello menos importante... ¿Helena estaba mandándose "mensajitos cariñosos" con el policía?

    La verdad es que me ha chocado bastante que Valerie le soltara de repente aquello sobre el padre en el coche. Es decir, hasta ese momento la relación entre ellas no parecía tan hostil, sino más bien la normal entre una madre y su hija adolescente que prefiere estar todo el día con la música.

    Por otra parte siempre me ha dado mal rollo eso que pasa en los pueblos pequeños, que cuando pasa algo enseguida se enteran todos, es como una mafia xD.

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  2. Holis, Scarlett:3 que bueno verte por aqui de nuevo jajaja♥ yo estoy muy bien, y espero que tu también:D
    La verdad este pueblo es un mar de preguntas sin respuestas, y digamos que no te puedes fiar de nadie como bien dices tu jajajaja:3 Tooodo se sabrá a su debido tiempo:$
    Y sí, creo que Helena tiene un nuevo amorcito♥ Love is in the air (8)...
    A mi también me dan mal rollo los pueblos así xddddddd Es una mafia que paga a trabajadores a sueldo para espiar a todos TwT omaigah.
    Jajajajaj! Me alegra tus comentarios :) Que pases muuuuy buen fin de año y que te lo pases muy bien;)
    Besitos!♥

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